martes, 7 de diciembre de 2010

No cambies nada (3)

Como casi todo en la sociedad contemporánea, las nuevas técnicas cinematográficas no responden más que al engaño del avance, en realidad un regreso desesperado a las formas primitivas por parte de aquellos que no saben adecuarse a la extrema complejidad de nuestro tiempo. Hacer cine es hoy más difícil que nunca, porque la representación se vuelve cada día más insobornable, su reflejo cada vez más impreciso. El 3D es una forma de representación extremadamente conservadora, porque quiere buscar una forma cercana a la realidad. ¿Es imaginable, por ejemplo, una película de David Lynch en 3D? Sería absurdo, porque el cine de Lynch ha desarrollado su propio despliegue formal, un acercamiento a la realidad desde puntos extraños, nunca desde su valoración lógica. El 3D es una forma pobre, casi indigna, de añoranza. El cine no necesita demostrar su capacidad de ser realista, porque el mismo mecanismo de la imagen es irreal. Viendo la exposición Desbordamiento de Val del Omar, el espectador se enfrenta a la destrucción de la realidad a través de formas refinadas de cine. Las cámaras se expresan sobre la pantalla, pero también sobre cualquier otro tipo de conciencia audiovisual: el patio de butacas, los muros, cualquier composición arquitectónica más allá de la proyección tradicional. No es una forma de buscar sensaciones realistas, sino un apoyo al pensamiento de Val del Omar, revolucionario justamente por presentar un imaginario de la cultura española modificado por técnicas que lo alejan de nuestra idea de arte perdurable, eterno, intocable. Val del Omar nos decía (en un momento histórico de absoluta negación de la conciencia), que no podemos comprender el pasado, que el pasado es absurdo porque volcamos nuestra visión individual sobre él y lo modificamos. Los bustos de Berruguete aparecen atravesados por luces, en fuga, aplacados por una voz que nos incita a ser dioses. La banal espectacularidad visual que quiere conseguir la estereoscopía en nuestros días, parece entonces un motivo más para aplacar la verdadera identidad del cine y reducirlo al espectáculo, demostrando su actualidad sólo a través de la técnica, y nunca a través del pensamiento. Ésa es la diferencia entre el actual cine en 3D (que cree que puede permitirse ser estúpido sólo por la imagen que ostenta), y un pensamiento técnico como el de Val del Omar.

1 comentario:

  1. pero ya es que incluso el espectáculo se convierte en espectáculo...

    ResponderEliminar

¿cuánto has tenido que andar hasta aquí?